martes, 16 de junio de 2015

Lope de Vega

Un soneto me manda hacer Violante, Lope de Vega

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante.

 Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

 Ya estoy en el segundo, y aún sospecho
 que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

(Félix Lope de Vega y Carpio, Madrid, 1562- id., 1635)

Escritor español. Lope de Vega procedía de una familia humilde y su vida fue sumamente agitada y llena de lances amorosos. Estudió en los jesuitas de Madrid (1574) y cursó estudios universitarios en Alcalá (1576), aunque no consiguió el grado de bachiller. Debido a la composición de unos libelos difamatorios contra la comedianta Elena Osorio (Filis) y su familia, por desengaños amorosos, Lope de Vega fue desterrado de la corte (1588-1595). No fue éste el único proceso en el que se vio envuelto: en 1596, después de ser indultado en 1595 del destierro, fue procesado por amancebamiento con Antonia de Trillo. Estuvo enrolado, al menos, en dos expediciones militares, una la que conquistó la isla Terceira en las Azores (1583), al mando de don Álvaro de Bazán, y la otra, en la Armada Invencible. Fue secretario de varios personajes importantes, como el marqués de Malpica o el duque de Alba, y a partir de 1605 estuvo al servicio del duque de Sessa, relación sustentada en una amistad mutua.
Lope se casó dos veces: con Isabel de Urbina (Belisa), con la que contrajo matrimonio por poderes tras haberla raptado antes de salir desterrado de Madrid; y con Juana de Guardo en 1598. Aparte de estos dos matrimonios, su vida amorosa fue muy intensa, ya que mantuvo relaciones con numerosas mujeres, incluso después de haber sido ordenado sacerdote. Entre sus amantes se puede citar a Marina de Aragón, Micaela Luján (Camila Lucinda) con la que tuvo dos hijos, Marcela y Lope Félix, y Marta de Nevares (Amarilis y Marcia Leonarda), además de las ya citadas anteriormente.
En 1526, Navaggero, cónsul italiano en Granada, conoce a Juan Boscán. Boscán inicia la introducción del metro italiano en España, entre otros, el soneto. Hay unos precedentes de su práctica, aunque con menos éxito (Marqués de Santillana, Sonetos fechos al itálico modo).
Este soneto tiene una forma perfecta y “cuadrada”. Posteriormente, Garcilaso de la Vega lo lleva a lo más alto. En el siglo XVII se convierte en la forma preferida de los poetas. Incluso Fray Luis, que siempre prefirió la lira, compuso 5 sonetos. Como no iba a ser menos, el Fénix de los ingenios, Lope de Vega, también lo cultivó. Pero él fue mucho más allá, pues incluso compuso un soneto “explicando” o “dando la receta” para componerlos, el que ahora nos ocupa.
Al principio del poema nos sitúa in media res, ya que no nos hace ninguna presentación de nada, solamente nos informa de su empresa actual. En el segundo verso, Lope utiliza la captatio benevolentiae, con gesto de humildad, aunque sea falsa. También en el primer verso encontramos la excusa literaria “un soneto me manda hacer Violante”. Así pues, este Violante (en principio un nombre inventado) hace de mecenas de Lope y es el porqué de este soneto. Claramente, podemos establecer un paralelismo con otras obras suyas como en “Mándanme, ingenios nobles, flor de España,…”, donde nos encontramos en la misma situación.
El soneto presenta una métrica regular de 11 sílabas y una rima de ABBA ABBA CDC DCD. La grandeza en este poema es que sin hablar de nada habla de todo. Dicho de otro modo, aparentemente esta lírica no cuenta ninguna historia pero en cambio nos detalla el modo de hacer un soneto.
El lenguaje es extremadamente sencillo, no hay ni una palabra con difícil comprensión. Junto con este fácil lenguaje nos encontramos con una ausencia de figuras literarias, tal y como las conocemos, pues este poema se desvía hacia el conceptismo, de un modo elemental. Solo encontramos tópicos latinos como la captatio benevolentiae et alii que vimos con anterioridad e hipérbatos (ya que sigue siendo un poema, un poco desordenado). Dicho esto si ordenamos todos los versos veremos que no hay otra complejidad.
En definitiva, no hay ninguna temática oculta en el fondo y es, quizá, el poema más sencillo pero a la vez desconcertante e inquietante de Lope de Vega y que, por lo tanto, el fin de Lope era explicar cómo se hacía un soneto, o como lo hacía él, dentro del mismo.

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